Por José Manuel Ortiz Benítez*
Cada fin de año nos da por hacer lo mismo: por hacer balance. No se lo recomiendo a nadie. Hay otros asuntos más importantes que atender, como ocuparse de la hipoteca, saldar los gastos del mes, llevar los niños al parque o limpiar la casa.
Como diría el embajador de las letras, “con el año ya cerrado y plegado en la maleta del tiempo”, el mundo seguirá su rumbo por la senda de la imperfección, imperfección atropelladora, a cuyos aletazos debemos de estar atentos para evitar caer centrifugados en su interior.



Por José Manuel Ortiz Benítez
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